Arturo Saldívar / Francisco Pajares/ Calita
Toros de Hermanos Torres Gallego
Después de la tempestad viene la calma
Texto y Fotos: J.M.S.V.

Oreja para el mexicano Saldívar

La grandiosidad de la Plaza
Dos fotógrafos veteranos, Peña y Madrigal

El monosabio anudando las cuerdas

Portones de toriles
Toros de Hermanos Torres Gallego
Después de la tempestad viene la calma
Texto y Fotos: J.M.S.V.

Oreja para el mexicano Saldívar
El sosiego del patio de caballos fortalecía el espíritu. Miguel Ángel Herrero, uno de los picadores de Pajares esta tarde, me pidió fuego y me ofreció un cigarrillo. Charlamos unos minutos. Se sentó en el banquillo donde habitualmente se encomiendan a Dios los varilargueros y se quedó mirando fijamente a la plaza.
Antes, camino del coso, volví a la realidad de los domingos de Las Ventas: la calle de Alcalá tranquila y los viejos a la sombra esperando que abrieran las puertas. Pero también este ambiente me encanta; es curioso que cada segundo que vivo siento que se me queda dentro, como impregnado en algún sitio que supongo será el alma.
La música de la banda, dirigida por el maestro Gallego, ha vuelto a hacer eco en los vomitorios. La entrada floja, por no entrar en detalles. En los tendidos de sol ni un alma, salvo un grupo de extranjeras en el cuatro que se han llevado raciones de sol para media docena de meses. En el cinco y en el seis solo los almohadilleros, y en el siete los de siempre, aunque también con bajas por el puente del Corpus.
La novillada en conjunto buena, excepto el lote de Pajares, que se quedó en banderillas poniendo en evidencia a los rehileteros. El mexicano Saldívar, que sustituyó a José Manuel Mas por una gastroenteritis, estuvo a la altura, muy torero, entregado, aprovechando los turnos de quites y con gracia. Paseó una oreja del cuarto, y si fuera ortodoxo diría que el premio fue en demasía, pero como hacía calor y el respetable estaba aturdido…
Pajares puso mucho. Se llevó el peor lote. Sobraron tandas en ambos, pero no es demérito querer torear más y más en Las Ventas. En el segundo sufrió con los arreones y en el quinto tampoco tuvo suerte. Y de Calita poco que decir, porque toreó despegado en los dos y en el tendido se decía que cuando los novillos se prestan las cosas se complican.
Al salir me dejé llevar por ese sosiego al que me refería antes, consciente de que en la prisa tengo un enemigo. Gracias y buenas noches. Les dejo con las fotografías y no dejen de leer la crónica de Manolo Durán.
Antes, camino del coso, volví a la realidad de los domingos de Las Ventas: la calle de Alcalá tranquila y los viejos a la sombra esperando que abrieran las puertas. Pero también este ambiente me encanta; es curioso que cada segundo que vivo siento que se me queda dentro, como impregnado en algún sitio que supongo será el alma.
La música de la banda, dirigida por el maestro Gallego, ha vuelto a hacer eco en los vomitorios. La entrada floja, por no entrar en detalles. En los tendidos de sol ni un alma, salvo un grupo de extranjeras en el cuatro que se han llevado raciones de sol para media docena de meses. En el cinco y en el seis solo los almohadilleros, y en el siete los de siempre, aunque también con bajas por el puente del Corpus.
La novillada en conjunto buena, excepto el lote de Pajares, que se quedó en banderillas poniendo en evidencia a los rehileteros. El mexicano Saldívar, que sustituyó a José Manuel Mas por una gastroenteritis, estuvo a la altura, muy torero, entregado, aprovechando los turnos de quites y con gracia. Paseó una oreja del cuarto, y si fuera ortodoxo diría que el premio fue en demasía, pero como hacía calor y el respetable estaba aturdido…
Pajares puso mucho. Se llevó el peor lote. Sobraron tandas en ambos, pero no es demérito querer torear más y más en Las Ventas. En el segundo sufrió con los arreones y en el quinto tampoco tuvo suerte. Y de Calita poco que decir, porque toreó despegado en los dos y en el tendido se decía que cuando los novillos se prestan las cosas se complican.
Al salir me dejé llevar por ese sosiego al que me refería antes, consciente de que en la prisa tengo un enemigo. Gracias y buenas noches. Les dejo con las fotografías y no dejen de leer la crónica de Manolo Durán.

La grandiosidad de la Plaza

Dos fotógrafos veteranos, Peña y Madrigal

El monosabio anudando las cuerdas

Portones de toriles
El castoreño de Miguel Ángel Herrero
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