Picasso y Arias, pasión por los toros
Texto: JMSV
Fotos: Muriel Feiner y JMSV

Érase una vez… Sí, fue un cuento, el cuento del genio y el barbero, una historia que dejó entre las cuatro paredes de la barbería de Eugenio Arias, en la villa madrileña de Buitrago, los secretos de Pablo Picasso.
En las barberías de pueblo se gastaba el tiempo en filosofías, y mientras la navaja bailaba en las manos del barbero, del cuello a la mejilla o viceversa, el artista vertía el pensamiento en frases cortas o a borbotones.
Al entrar en la sala Antoñete de la Monumental, la luz velada nos envuelve en el halo de melancolía que prepara al visitante para entender aquello que contempla. La colección de Enrique Arias sorprende, porque siendo particular es universal por el nombre del autor. Las piezas son de lujo, tanto los dibujos y pinturas como las cerámicas, esos platos que Picasso vio como el ruedo. También la cartelería y los libros ilustrados, así como los documentos privados que nos descubren intimidades. Pero entre los Toritos fritos, obra excepcional, y las cerámicas mediterráneas, hay una serie de fotografías del gran Lucien Clergue que embelesan, como la secuencia de Picasso encendiendo el cigarrillo en 1965.
Un cuento, una leyenda, que Carlos Abella, comisario de la muestra, ha hecho realidad con impecable diseño, porque tener a Picasso en Las Ventas es un lujo. No se trata de un evento más, sino del “evento”, porque lo que ustedes han visto o verán no sólo son las piezas de un Museo, sino documentos y originales que por primera vez salen a la luz. Hay más, mucho más, pero descúbranlo ustedes antes del 6 de junio.
Picasso y Arias, pasión por los toros
Sala Antoñete de la plaza de toros de Las Ventas
Hasta el 6 de junio
Mañanas: 11-13,30 h.
Tardes: 18-19 h.
Texto: JMSV
Fotos: Muriel Feiner y JMSV
Érase una vez… Sí, fue un cuento, el cuento del genio y el barbero, una historia que dejó entre las cuatro paredes de la barbería de Eugenio Arias, en la villa madrileña de Buitrago, los secretos de Pablo Picasso.
En las barberías de pueblo se gastaba el tiempo en filosofías, y mientras la navaja bailaba en las manos del barbero, del cuello a la mejilla o viceversa, el artista vertía el pensamiento en frases cortas o a borbotones.
Al entrar en la sala Antoñete de la Monumental, la luz velada nos envuelve en el halo de melancolía que prepara al visitante para entender aquello que contempla. La colección de Enrique Arias sorprende, porque siendo particular es universal por el nombre del autor. Las piezas son de lujo, tanto los dibujos y pinturas como las cerámicas, esos platos que Picasso vio como el ruedo. También la cartelería y los libros ilustrados, así como los documentos privados que nos descubren intimidades. Pero entre los Toritos fritos, obra excepcional, y las cerámicas mediterráneas, hay una serie de fotografías del gran Lucien Clergue que embelesan, como la secuencia de Picasso encendiendo el cigarrillo en 1965.
Un cuento, una leyenda, que Carlos Abella, comisario de la muestra, ha hecho realidad con impecable diseño, porque tener a Picasso en Las Ventas es un lujo. No se trata de un evento más, sino del “evento”, porque lo que ustedes han visto o verán no sólo son las piezas de un Museo, sino documentos y originales que por primera vez salen a la luz. Hay más, mucho más, pero descúbranlo ustedes antes del 6 de junio.
Picasso y Arias, pasión por los toros
Sala Antoñete de la plaza de toros de Las Ventas
Hasta el 6 de junio
Mañanas: 11-13,30 h.
Tardes: 18-19 h.
Magnífica exposición. Más como esta, por favor...
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