¡Vaya teatro!

La plaza en una gota de agua
Es el grito que salió del 7 cuando el quinto se echó y ya no se levantó hasta que Capea cogió la espada para despacharlo. Se armó el jaleo. El respetable había aguantado hasta ese momento una corrida más que floja, con excepción del primero en el que Javier Cortés cumplió con su confirmación.
Capea ni tuvo lote ni ganas, y Uceda, como de costumbre puso la torería y nos dejo otra vez con la miel en los labios (por falta de toros).
Los pitos al arrastre del quinto resumen esta tarde gris, triste por falta de luz y desapacible.
Una petición a los meteorólogos: ¡A ver si consiguen que no llueva en San Isidro!
Lo mejor de la tarde lo puso Javier Cortes, que aprovechó lo poquito que se dejó el sexto hasta que se rajó. Fue una sola tanda, pero suficiente para que el respetable se diera cuenta de que hay torero. Mató como un jabato y se llevó el revolcón.
Al salir de la plaza Uceda medio sonreía, Capea miraba al suelo y Javier Cortés llevaba la montera en el corazón.
La lona de Las Ventas convertida en un mar

Preparando el ruedo

Pintando la raya
Texto y fotos: JMSV
4 Toros de Bañuelos y 2 de Herederos de José Luis Osborne (2º y 5º)
Uceda Leal: Saludo y silencio
El Capea: Pitos y silencio
Javier Cortés: Saludo en ambos
Uceda Leal: Saludo y silencio
El Capea: Pitos y silencio
Javier Cortés: Saludo en ambos

La plaza en una gota de agua
Es el grito que salió del 7 cuando el quinto se echó y ya no se levantó hasta que Capea cogió la espada para despacharlo. Se armó el jaleo. El respetable había aguantado hasta ese momento una corrida más que floja, con excepción del primero en el que Javier Cortés cumplió con su confirmación.
Capea ni tuvo lote ni ganas, y Uceda, como de costumbre puso la torería y nos dejo otra vez con la miel en los labios (por falta de toros).
Los pitos al arrastre del quinto resumen esta tarde gris, triste por falta de luz y desapacible.
Una petición a los meteorólogos: ¡A ver si consiguen que no llueva en San Isidro!
Lo mejor de la tarde lo puso Javier Cortes, que aprovechó lo poquito que se dejó el sexto hasta que se rajó. Fue una sola tanda, pero suficiente para que el respetable se diera cuenta de que hay torero. Mató como un jabato y se llevó el revolcón.
Al salir de la plaza Uceda medio sonreía, Capea miraba al suelo y Javier Cortés llevaba la montera en el corazón.
La lona de Las Ventas convertida en un mar
Preparando el ruedo
Pintando la raya
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