Como el Guadiana
Talavante es como el Guadiana: aparece y desaparece. Hoy, con el público en el bolsillo, no ha triunfado por culpa de la espada, con una faena tremendista, valiente y de poder. Esta tarde hemos visto las aguas brillantes del río Guadiana en el tercero, porque ese ha sido su turno al confirmar Oliva Soto. La ovación del respetable ha retumbado en el platillo, pero por esas cosas de la plaza de Las Ventas, cuando el torero ha amagado con dar la vuelta al ruedo, todos a una se lo han impedido.
El Cid empezó con ganas, pero terminó sin ellas; es decir que en el segundo de la tarde, donde por cierto no hubo toro, pasó sin pena ni gloria, y en el quinto alargó la faena sin necesidad hasta el aviso. Tampoco tuvo la tarde con la espada.
Oliva Soto tiene pellizco. Desde el tendido le decían que lo hiciera más despacio en el de la confirmación, pero era tarde de nervios; y en el quinto (toreó antes que Talavante porque éste se encontraba en la enfermería al sufrir un percance en el tercero) dio algunos pases de cartel y dejó esa clase de los toreros de Camas impregnada en el albero. Una tarde más, que dejó muchos detalles.

Uno de los grandes de la fotografía

Otro de los grandes pluriempleados

Dos castoreños enamorados

Oliva Soto

La medalla

Talavante

Oliva a la verónica

Oliva con el capote

En el de la confirmación I

En el de la confirmación II
Toros de Núñez del Cuvillo
El Cid: silencio y silencio tras aviso
Talavante: saludo tras aviso y silencio tras aviso
Oliva Soto: aplausos y silencio tras aviso
Texto y fotos: JMSV
El Cid: silencio y silencio tras aviso
Talavante: saludo tras aviso y silencio tras aviso
Oliva Soto: aplausos y silencio tras aviso
Texto y fotos: JMSV
Confirmación de Oliva Soto
Talavante es como el Guadiana: aparece y desaparece. Hoy, con el público en el bolsillo, no ha triunfado por culpa de la espada, con una faena tremendista, valiente y de poder. Esta tarde hemos visto las aguas brillantes del río Guadiana en el tercero, porque ese ha sido su turno al confirmar Oliva Soto. La ovación del respetable ha retumbado en el platillo, pero por esas cosas de la plaza de Las Ventas, cuando el torero ha amagado con dar la vuelta al ruedo, todos a una se lo han impedido.
El Cid empezó con ganas, pero terminó sin ellas; es decir que en el segundo de la tarde, donde por cierto no hubo toro, pasó sin pena ni gloria, y en el quinto alargó la faena sin necesidad hasta el aviso. Tampoco tuvo la tarde con la espada.
Oliva Soto tiene pellizco. Desde el tendido le decían que lo hiciera más despacio en el de la confirmación, pero era tarde de nervios; y en el quinto (toreó antes que Talavante porque éste se encontraba en la enfermería al sufrir un percance en el tercero) dio algunos pases de cartel y dejó esa clase de los toreros de Camas impregnada en el albero. Una tarde más, que dejó muchos detalles.
Oliva Soto entrevistado
Uno de los grandes de la fotografía
Otro de los grandes pluriempleados
Dos castoreños enamorados
Oliva Soto
La medalla
Talavante
Oliva a la verónica
Oliva con el capote
En el de la confirmación I
En el de la confirmación II
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