¡Hay que echarle valor!
16 de mayo, sábado de puente en Madrid. Hacía calor, pero no demasiado. No eran todavía las seis cuando cambié algunas impresiones con Juan Pelegrín. Deseábamos el triunfo de los toreros de esta tarde (con predilección inevitable, pero no diré por cual de los tres). Hicimos fotos y más fotos y sonó el clarín. Entre las siete y las nueve y cuarto seis toros seis, desiguales de comportamiento, alguno se dejó, pero en general: pufffffffffffffff.
¡Hay que echarle valor! Cuando en el cuarto Rafaelillo sonrió después de librarse de la cornada, la tensión nerviosa le hizo dirigir unas palabrejas a Milagroso. En el primero estuvo muy bien con la derecha y le recriminaron que no probara con la izquierda… pero tenía sus motivos.
Vuelvo al cuarto. Leí los labios de Rafaelillo perfectamente. No era para menos. Yo creo que tuvieron mucho mérito los tres, desde el primero al último minuto. Y lo de “no hay quinto malo” sonó a guasa esta tarde. Robleño dio la vuelta al anillo persiguiendo al manso Cerillero, hasta que por fin lo despachó como pudo.
Sánchez Vara hizo lo que sabe y lo que pudo. Tampoco es para que le gritaran desde los tendidos con las venas de los cuellos reventando después de lo que acabábamos de ver. En fin, que no hubo posibilidades y si las hubo en algún momento había que tomar precauciones porque los de Escolar repartían…
Mañana domingo rejones. Un día más o un día menos.


Texto y fotos: J.M.S.V.
Rafaelillo en el primero
16 de mayo, sábado de puente en Madrid. Hacía calor, pero no demasiado. No eran todavía las seis cuando cambié algunas impresiones con Juan Pelegrín. Deseábamos el triunfo de los toreros de esta tarde (con predilección inevitable, pero no diré por cual de los tres). Hicimos fotos y más fotos y sonó el clarín. Entre las siete y las nueve y cuarto seis toros seis, desiguales de comportamiento, alguno se dejó, pero en general: pufffffffffffffff.
¡Hay que echarle valor! Cuando en el cuarto Rafaelillo sonrió después de librarse de la cornada, la tensión nerviosa le hizo dirigir unas palabrejas a Milagroso. En el primero estuvo muy bien con la derecha y le recriminaron que no probara con la izquierda… pero tenía sus motivos.
Vuelvo al cuarto. Leí los labios de Rafaelillo perfectamente. No era para menos. Yo creo que tuvieron mucho mérito los tres, desde el primero al último minuto. Y lo de “no hay quinto malo” sonó a guasa esta tarde. Robleño dio la vuelta al anillo persiguiendo al manso Cerillero, hasta que por fin lo despachó como pudo.
Sánchez Vara hizo lo que sabe y lo que pudo. Tampoco es para que le gritaran desde los tendidos con las venas de los cuellos reventando después de lo que acabábamos de ver. En fin, que no hubo posibilidades y si las hubo en algún momento había que tomar precauciones porque los de Escolar repartían…
Mañana domingo rejones. Un día más o un día menos.
Sánchez Vara
Las manos de Robleño

El trago de antes

Rafaelillo de pecho en el primero
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